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VICENT BALAGUER/ Els 4 cantons: Sobre sexe i prostitució (CXCX)

VICENT BALAGUER/ Els 4 cantons: Sobre sexe i prostitució (CXCX)
  31/07/2017

 

La darrera setmana ens havíem detingut -desviat més ben dit- amb una cita sobre S.S. relacionada amb el Congrés de Ginecologia i, posteriorment, amb el Papa VI. De moment tanquem el tema i ens quedem amb el Papa Francisco, l’actual. Aquí tot sembla seguir el mateix, l’Església continua paralitzada, al marge dels moviments socials. I resulta difícil portar endavant qualsevol mínim moviment renovador.

            La presència del Papa Francisco, en un principi, va anar creant una espècie d’esperança en canvis socials importants que el pas del temps ha anat soterrant. Caldrà anar fent desaparèixer moltes il·lusions i adaptar-nos a les realitats socials que la vida real ens permet gaudir. El cardenal arquebisbe de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, en referència a l’aprovació en el Congrés dels Diputats de la Llei de Tècniques de Reproducció Humana Assistida havia dit el 10 de febrer de 2006 que hi ha algunes coses que des de la conciència cristiana no es poden acceptar”. La Conferència Episcopal Española havia animat als diputats Catòlics Espanyols a no recolzar eixa llei amb el seu vot.

            El 15de novembre de 2014 el Sumo Pontífice considerà que este procediment és “jugar con la vida” i que un fill siga considerat “un dret i no un don”. En el mateix sentit s’expressà sobre els estudis amb cèl·lules mare, l’avortament i l’eutanàsia”. El Papa Francisco qualificà la fecundació in vitro com si fos la producció d’un xiquet. I també ha sigut crític, com un dret i no com un don, perquè això és com anar en contra del Creador, contra Déu el Creador. El mateix sentit va utilitzar sobre els estudis amb cèl·lula mare. I ha qüestionat que s’usen sers humans en laboratoris per salvar altres sers.

            I ha dit que això és utilitzar també sers humans. No és un problema religiós sinó científic. I així molt.

            Ja s’ha dit abans que l’Església rebutja la seua proposta que pretén mantenir la castedat en les relacions sentimentals de la parella. Com veurem res s’avança en eixe camp. I les tensions és fan evidents.

            ... Fragment del discurs de Pablo VI al Congreso de Ginecología (29-XI-1966). “Nos referimos al problema de la regulación de la natalidad; problema vastísimo y delicado en el cual Nos mismo, por sus implicaciones religiosas y morales, tenemos título, más aún, obligación de tomar la palabra. Problema de actualidad. Sabemos que se espera de Nos una palabra decisiva acerca del pensamiento de la iglesia en este problema. Pero como es obvio, no lo podemos pronunciar en estas circunstancias.

            Recordaremos aquí, solamente cuanto expusimos en nuestro discurso del 23 de junio d e1964; es decir, que el pensamiento y las normas de la Iglesia no han cambiado; son las vigentes en la enseñanza tradicional. El Concilio Ecuménico, hace poco celebrado, ha aportado algunos elementos de juicio muy útiles para integrar la doctrina de la Iglesia en este tema tan importante, pero no suficientes para cambiar sus términos sustanciales.

            Todavía no se ha pronunciado la nueva palabra que se espera de la Iglesia sobre el problema de la regulación de la natalidad por el hecho de que Nos mismo habiéndola prometido y habiéndonosla reservado, hemos querido hacer un atento examen de los datos doctrinales y pastorales que a lo largo de estos últimos años han surgido a propósito de este problema.

            Creemos haber asumido objetivamente el estudio de estas instancias y de los elementos de juicio. Nos ha parecido nuestro deber y hemos tratado de llevarlo a cabo de la firma mejor, encargándolo a una amplia, variada y versada Comisión internacional, la cual, en sus diversas secciones y a lo largo de amplias discusiones, ha llevado a cabo un gran trabajo, y nos ha remitido sus conclusiones cuales, sin embargo, Nos parece no pueden ser consideradas como definitivas, por presentar graves implicaciones con otros problemas, no pocos ni leves, de orden doctrinal, pastoral y social, que no pueden quedar aislados ni arrinconados, sino que exigen una lógica consideración en el contexto del problema sometido a estudio.

            Este hecho indica una vez más, la enorme complejidad i la tremenda gravedad del tema de la regulación de la natalidad e impone a nuestra responsabilidad un nuevo estudio, al que estamos dedicándonos resueltamente, con gran respeto para quienes la han dedicado ya su atención y esfuerzo, pero también con sentido de las obligaciones de nuestro cargo apostólico. Este es el motivo que ha retrasado nuestra respuesta, y que la diferirá todavía por algún tiempo.

            Dos son las ideas fundamentales que se desprenden de este discurso; que el pensamiento y la norma de la Iglesia no han cambiado, por cuanto no se ha pronunciado todavía la nueva palabra de la regulación de la natalidad ha sido encargada a una amplia y versada Comisión internacional, motivo que ha retrasado la esperada respuesta y que la difería todavía por algún tiempo.

            En realidad, la Comisión a que se alude fue creada en secreto en 1963 por Juan XXIII, quien sentía ya por entonces honda preocupación por este problema. En un principio estaba compuesta por seis expertos, de los cuales tres eran seglares y tres eclesiásticos.

            Pablo VI, en enero de 1964 elevó a 12 el número de miembros de la citada Comisión. Hasta que en el transcurso de la tercera sesión del Concilio y a petición de algunas partes conciliares del Papa la aumentó considerablemente llegando a sumar hasta 75 miembros. El trabajo de esta Comisión se prolongó a lo largo de todo el año 1965 y su expediente se fue engrosando hasta contar miles de folios.

            Superado este periodo de amplia consulta, el Papa eligió a 18 de estos expertos que en unión de siete cardenales y nueve obispos celebraron sus reuniones en la sede del Congreso Español en Roma, en Abril de 1966. Este grupo de expertos, tras una larga serie de debates, llegó a la elaboración de un proyecto de texto que habría de ser sometido a la aprobación del Papa. Pero a la hora de votar este texto, el grupo de expertos se dividió, y mientras era aceptado por catorce miembros otros cuatro -el redentorista P. Visser, y los jesuitas padres Zalba, Ford y Lestapis- prefirieron elaborar por su cuenta un segundo informe. Mientras esta minoría pedía al Papa el mantenimiento del “estatu kuo” en la materia, y por consiguiente, la prohibición de todo anticonceptivo, el grupo mayoritario se inclinaba por la aceptación de los anovulatorios, dejando a la conciencia de los esposos la valoración de las causas que los harían permisibles. El informe de la mayoría fue presentado al Papa el 26 de junio de 1966, y pocos días después el cardenal Ottaviani presentaba igualmente informe minoritario. A estos dos informes son, por lo tanto, a los que alude Pablo VI en su discurso del 29 de noviembre”.

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