"Se abre la tierra y se cierran los silencios"

  07/03/2021

 

La primera exhumación en el cementerio de Alicante devuelve la esperanza a muchas familias de la Marina Alta de recuperar el cuerpo de sus represaliados por el franquismo 

 

R. RIBES FORNÉS

 

Llegan a lo largo de la mañana con el semblante serio. Proceden de lugares distintos. Se acercan con sigilo, los ojos bien abiertos. Han traído consigo una fotografía, cartas, copias de una sentencia por juicio sumarísimo, un anillo. “Era de mi abuela, se lo puso a su hermano antes de que lo metiesen en la fosa, tenía 22 años. Era como este”. Es la nieta de Teresa, una vecina de El Verger que perdió a su esposo y a su hermano después de acabar la guerra. Presos en Alicante, fueron fusilados y enterrados en el cementerio municipal. Como ella, más de 500 familias -cerca de cuarenta de la comarca- dejaron allí a sus seres queridos. Mejor dicho, no tuvieron la opción de sacar sus cuerpos de alguna de las 38 fosas comunes que quedan por exhumar en el camposanto. Durante años, en varios casos hasta 82, han cubierto su dolor con el silencio. Ahora, la primera exhumación de represaliados del franquismo del cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante abre un hilo de esperanza para aquellos que siempre quisieron llevárselos consigo. Su pretensión, al menos la de muchos, no es otra que la de que descansen junto a los suyos.

Desde que el pasado 22 de febrero se iniciasen los trabajos de exhumación de la Fosa X, familiares de los fusilados se acercan al grupo de trabajo para preguntar por las actuaciones y contactar con alguien que les hable del procedimiento. Hijos de los represaliados se han visto pocos, a diferencia de lo que ha ocurrido en otras exhumaciones. Son muy mayores y la situación sanitaria no hace recomendable salir de casa. “En otros lugares -explica Alex Calpe, codirector de los trabajos- sí que han venido, y ves testimonios desgarradores, gente de 80 años llorando, historias estremecedoras”. Pero como él dice, “había muchas ganas de que las fosas se abriesen” y el desfile de familiares en Alicante, la mayoría nietos e incluso biznietos, es casi continuo.

Los testimonios orales son “fundamentales” para reconstruir los hechos, afirma el codirector de un grupo de investigación formado por antropólogos, arqueólogos, forenses, documentalistas, historiadores y voluntarios que son los que están trabajando en la fosa. Pertenecen a la Asociación ArqueoAntro, encargada de realizar esta primera exhumación impulsada por la Generalitat Valenciana. Se eligió la Fosa X porque fue esa la primera petición de familiares que llegó a la Conselleria de Participación, Transparencia, Cooperación y Calidad Democrática. Allí fueron depositados 11 cuerpos en 1940, entre ellos los de un vecino de Dénia, Francisco Roselló Tomás, albañil y carabinero.

Para que prosperen las peticiones de los descendientes interesados en recuperar los cuerpos, Miguel Mezquida, director arqueológico del proyecto, considera que es muy importante que se organicen las familias. De momento, las futuras intervenciones están todavía en el aire “pero siempre será más fácil que se abra otra fosa si las familias están organizadas”, señala.

A raíz de la expectación que ha levantado el inicio de las excavaciones, la Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo del Cementerio de Alicante ha visto como crecía el número de afiliados, que ya supera el centenar. Los hay de la Marina Alta que tienen familiares en otras fosas y que se han puesto en contacto con la entidad para intentar canalizar su apertura. Los ayuntamientos pueden también interesarse por la exhumación de alguna fosa y pedir una subvención a la Conselleria de Calidad Democrática para acometer el proyecto, puntualiza Mezquida. En el caso de que se identifique algún cuerpo tras realizar las pruebas de ADN, los familiares pueden trasladarlo en su propio vehículo y sin necesidad de contratar servicios externos. “La lucha de las familias está ahora en que se les exima de las tasas para enterrarlos, aunque muchos ayuntamientos -precisa Álex Calpe- no les ponen ningún problema”. 

 

UNA MONEDA EN EL BOLSILLO

 

    Para los familiares, encontrarse en la explanada donde están la mayor parte de las fosas y compartir historias y recuerdos es reconfortante. “Hemos vivido con mucho dolor, llorando de puertas para dentro, con una carga que no queremos que lleven nuestros hijos”, comentaba la nieta de uno de los fusilados. Con las exhumaciones “se abre la tierra y se cierra un ciclo de silencios, de lloros, de miedos, y las familias necesitamos cerrar ese ciclo”.

    Silencio, una palabra que se repite en todos los corrillos. “La ley del silencio ha imperado en todas las casas”, comenta Inma Catalá Catalá en un grupo formado por vecinos de Dénia. Inma y su hermano Paco han ido hoy el cementerio con sus primas Rosa y Pepita Olmier Catalá. En el caso de las dos hermanas, los detalles sobre la muerte del abuelo, el 13 de agosto de 1940, se silenciaron, en casa era tema tabú. El padre de Inma y de Paco sí les contó cosas del abuelo, como que en su casa de la calle Alberto Sentí de Dénia, Francisco Catalá Ruíz recibió en alguna ocasión a Federica Montseny. Les dijo también que las visitas en la cárcel de Alicante, restringidas a los hijos, se aprovechaban para llevar comida y también para intercambiar cartas, que se escondían entre la ropa e incluso entre los pañales de los más pequeños. En una de esas visitas, conocedor de que iba a ser fusilado, Quico, que era como lo llamaban, le dijo a su hijo de 12 años que llevaría una moneda en la chaqueta para que lo pudiesen identificar y recuperar su cuerpo.

    La familia tiene claro que su voluntad era estar enterrado con los suyos. “Vamos al cementerio a poner flores a la yaya y está ella sola, cuando lo normal sería que estuviesen los dos juntos”, indican los familiares, “quitarnos la posibilidad de llevarle flores y que esté con su gente es un castigo”. Es algo más que una cuestión de voluntades, es también una cuestión cultural, ligada a nuestra existencia.

    Sus familiares confían en poder recuperar su cuerpo, que según el mapa de fosas de la Generalitat Valenciana descansa en la Fosa XXVII. Nada da cuenta de ello. Está cubierta de césped, como el resto de la esplanada donde se reparten las demás. Sobre el lugar donde se supone que fue arrojado hay depositadas unas flores.

 

RESTOS INFANTILES

 

    Durante las excavaciones de la Fosa X han aparecido restos infantiles pertenecientes, según han explicado los responsables de los trabajos, a niños no bautizados o fetos trasladados en los años 60 desde el hospital, así como brazos y piernas amputadas. Son las primeras capas y estaba previsto que así fuese, ya que la fosa tuvo una vida útil que va desde 1938 hasta 1964. También ha aparecido una caja con losetas dentro que podría estar relacionada con el robo de algún bebé. Los cuerpos de los represaliados republicanos estarían en cotas más bajas, si es que no fueron retirados anteriormente. 

    En el año 1960, Teresa pudo recuperar el cuerpo de su marido, Joaquín, fusilado el 17 de febrero de 1943. Ella, una mujer valiente y con carácter, estaba en Alicante el día en que lo mataron y consiguió que le diesen tierra en solitario. Se trazó entonces una meta: traerlo de regreso a El Verger. Casi veinte años más tarde, su yerno, echando mano de un dinero extra, logró traer el cuerpo de regreso a casa siguiendo los trámites reglamentarios. A partir de ese momento, el objetivo de Teresa fue recuperar también el cuerpo de su hermano Andrés, soltero, para que descansase junto a los de su padre y su madre en el cementerio del pueblo. 

El “tiet” Andrés fue asesinado el 16 de junio de 1942. Teresa se había presentado también en esa ocasión en el cementerio de Alicante para despedirlo. Antes de que fuese arrojado a la fosa común, le puso su anillo, que llevaba las iniciales T.A. y el nombre de su esposo. En casa guardaba la pareja, un sello idéntico en el que se lee Teresa y las iniciales J.S., las de su marido. Sería la clave para identificarlo. Ese anillo es el que guarda la familia con la esperanza de que algún día se abra la Fosa XXXII. Junto a él, un puñado de cartas que, como en muchos otros casos, hablan de confianza en la justicia, del cuidado de los hijos, de la felicidad y de vidas truncadas. 

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