El discreto encanto de la burguesía dianense

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  23/05/2021

Retratista oficial de los comerciantes y familias de pro de la segunda mitad del siglo XIX, Domingo Llorens continúa en el olvidoado 

Rescatar el pasado del olvido para construir el futuro. Quizás nos parezca una propuesta ambiciosa pero quizás también la constatación que por saber donde vamos primero tenemos que saber de donde venimos. Un pueblo sin historia, sin nada a compartir -sin relato, que se llama ahora- es un pueblo sin alma. Y el alma se alimenta de muchas cosas. El pasado y el patrimonio son sin duda dos elementos fundamentales para dar forma a nuestro relato. Una ciudad late de una manera o de un otra por las cosas que le han pasado y le pasan, por una confluencia de hechos y de historias que han determinado que sea cómo es y no de un otra manera. Olvidar todo esto no hace más que empobrecernos y, desgraciadamente, los olvidos imperdonables son muchos.

Hubo uno dianense,r allá por la segunda mitad del siglo XIX que pintaba, y pintaba muy bien. Era discípulo de un reconocido maestro del pincel -el valenciano Vicente López, pintor de cámara del rey Fernando VII- y estaba emparentado con Roc Chabás. Dénia le dedicó una calle (sí, allá donde plantan la falla Diana, en el barrio de La Faroleta,) pero pocos saben quién fue Domingo Llorens Cervera. Hasta el año 2002, no había ninguna obra suya en el fondo patrimonial municipal. Ahora, con las dos donaciones que se hicieron efectivas la semana pasada, el Museo Etnológico de Dénia atesora 11 cuadros del pintor Llorens, retratista oficial de la burguesía deniera durante una época de esplendor del comercio y los negocios de la pasa.

El año 1958, con motivo del tercer centenario de la muerte del Padre Pere, Arturo Vicens, uno de los prohombres de la Dénia de la posguerra, organizaba una muestra sobre el pintor Domingo Llorens (1827-1905) en el Hotel Fornos. La exposición reunía más de cincuenta cuadros provenientes de familias representativas de la burguesía deniera. Durante muchos años, después de su muerte, fue el único reconocimiento que se le hizo a quien podríamos considerar retratista oficial de los comerciantes y las familias acomodadas denieres de finales del siglo XIX y, junto con Vicente Victoria, uno de los mejores pintores que ha tenido la ciudad.

            Domingo Llorens Cervera se quedó huérfano cuando solo tenía 8 años, según cuenta el historiador Javier Calvo en el libro Más dianenses del siglo XIX y principios del XX. Se hace cargo de él sueño tio, Fray Andrés Llorens, que le facilitará los estudios de Bellas artes en València y después el traslado a Madrid para trabajar en el taller de Vicent López. En la muerte del pintor valenciano, vuelve a Dénia y se casa. Comienza así una nueva etapa de su vida alejado de los circuitos comerciales pero sin dejar de pintar. Así, retrató un buen número de hombres y mujeres de la Dénia del momento y realizó también algunos encargos para las parroquias del alrededor y otras pueblas de las comarcas centrales valencianas, óleos y pinturas murales en las iglesias que mayoritariamente desaparecieron durante la Guerradel 36, explica el director del Museo Etnológico de Dénia, Josep A. Gisbert.

            Como retratista, Llorens pintó dos retratos de Fernando VII y Alfonso XII que fueron echados por el bacó del Ayuntamiento de Dénia durante el advenimiento de la segunda República. Hasta el año 2002, cuando las hermanas Elena y Maria Riera Bosch dieron cuatro retratos al museo, no volvió a haber ningún cuadro de Domingo Llorens de propiedad municipal.

            Cómo dice Gisbert, las donaciones y todo el que se escribe y se llama alrededor de ellas, mueven las voluntades de los propietarios otros cuadros del autor, que o bien se interesan para contribuir a agrandar los fondos del museo o simplemente dan cuenta de su existencia. Así, se tienen pistas sobre unos treinta cuadros del pintor Llorens dispersos en colecciones privadas de Dénia, Madrid o València. También se conoce la existencia de dos dibujos del momento de su formación en la Academia de San Fernando de Madrid -firmados por profesores suyos vinculados al taller de Vicente López-, y se tiene localizado un cuadro que presentó a la Exposición Nacional de 1856.

            El cuadro de Fray Andrés Llorens, su preceptor y también quién bautizó a Roc Chabás, puede ser el mejor retrato masculino del pintor denier, explica Gisbert. La historia de la llegada del cuadro al museo se remonta a hace dos años, cuando su director lo localiza en una colección privada y lo pone en conocimiento de la Fundación Dénia, entidad que tiempo atrás había dado otro cuadro de Llorens (La caridad, medalla de plata en la Exposición Regional de València de 1867). Con la voluntad de proceder del mismo modo, es decir, adquirirlo y darlo al museo con la condición que se exponga para goce del público y se conserve, se inician las gestiones. La pandemia interrumpe la negociación, que finalmente llega a buen término.

            Josep A. Gisbert agradece la dinámica de colaboración comenzada por la fundación y añade que junto al retrato figurará el nombre de Elisa Ausina Doménech, que conservó en óptimas condiciones el cuadro que le tocó por decisión testamentaria de Roc Chabás, con el cual estaba emparentada. Desde su muerte, en 1912, ella y su familia han preservado y custodiado el retrato que ahora recibe los visitantes en la entrada del Museo Etnológico. Destacaba un artículo publicado Las Provinciales el 23 de junio de 1907 que era “lo más sobresaliente” de la exposición sobre el autor montada por aquellos días en un establecimiento de la plaza del Micalet de València, donde se remarcaba también “la paciente insistencia del que busca en lo detallo la exactitud del parecido”.

            El otro retrato incorporado a la exposición permanente del museo, el de Vicente Romany Sintió, que fue alcalde de Dénia en 1867, fue realizado a la misma época, que coincide en la etapa de plenitud de Domingo Llorens. Dado por Amparo Romany Bosch y Enrique Romany Puig, de él destaca Gisbert el cuidadosísimo trato de la fisonomía del retratado y los detalles de su indumentaria.

            No son más que dos pequeñas muestras de la vertiente como retratista de un pintor que también dejó patente en sus cuadros su devoción por la Santísima Sangre. Es el caso de un pequeño cuadro devocional en forma de urna adquirido en su día por el museo, de un cuadro de grandes dimensiones que era propiedad de Antonio Calabuig y se conserva en colección privada o de otro muy parecido al que conserva el museo que fue propiedad de Teresita Esquerdo.

            Desde que abrió sus puertas el 1991, el Museo Etnológico ha adquirido otros tres retratos del pintor Llorens que pertenecían a la familia Morales y un retrato de su mujer que pasó en manos de la mujer que lo cuidó hasta su muerte y después a sus herederos.

            Pero Domingo Llorens Cervera, como escribía hace poco más de un siglo J.M.B. en el artículo que hemos citado antes, no deja de ser un pintor “case desconocido de los valencianos (...) y que, sin embargo, no merece este olvido miedo tratarse de un compatriota de méritos muy estimables”. Añadía también una curiosa anécdota relacionada con uno de los políticos más influyentes durante lo reinat de Isabel II: “Pero ¡cuántos retratos que figuran las galerías públicas y particulares como obras de Lopez, no sueño sino frutos del pincel de nuestro humilde pintor! Así ocurrió cono el de Narvaez. Encargado Lopez del trabajo, y queriendo el general conocer lo estado de la obra, se presentó sin aviso en lo estudio de aquél, y cono asombro se enteró de que lo estaba pintando Llorens, asombro que aumentó al observar la perfecta exactitud del parecido”.

            Es hora ya de poner en valor un pintor olvidado que, como afirma Josep A. Gisbert, “además de ser discípulo de Vicente López y al margen de su pintura perfeccionista, fue el espejo del discreto encanto de la burguesía comercial y deniera de la segunda mitad del siglo XIX”. Con esa intención, el Museo Etnológico plantea el montaje de una muestra con los fondos propios y con la colaboración de las familias que conservan alguna obra del pintor denier. La muestra permitiría “conocer la estética y el carácter de las mujeres y hombres de esta burguesía y todo el que nos aporta la visualización de los cuadros en óptimas condicionas”. Y seria, además, un merecido reconocimiento al retratista que, como decía lo Heraldo de Dénia en la muerte de Domingo Llorens, renunció a una carrera brillante y a todas las posibilidades que se le abrían por “su excesiva modestia y entrañable amor que sentía miedo su tierra”.

 

 

 

La donación de “las cassianes”. Foto de la presentación de dos de los cuatro cuadros del pintor Llorens dados por las hermanas Maria y Elena Riera Bosch, conocidas como las cassianes, los primeros que se conservaron como parte del patrimonio municipal. Eran los retratos de los hermanos Jesús, Juan y Luis Riera Suárez i Maria Suárez, tía de los anteriores. La donación fue realizada en este caso con el condicionante que el Ayuntamiento destinara una cantidad de dinero a dos asociaciones benéficas.

            El nombre de Pedro Riera Mulet, padre de las hermanas Riera Bosch, estaba ligado a la industria del juguete y el de su abuelo, Pedro Riera Suàrez -que aparece en uno de los retratos de la fotografía, al comercio y la exportación de uva. El nombre de la familia ha quedado ligado a la historia de la ciudad no solo por su actividad comercial o industrial. El mote familiar ha dado pie a un topónimo que da nombre a una de las zonas más emblemáticas de la ciudad, la Marineta Cassiana. “La marineta” formaba parte de una finca más grande que llegaba desde el mar hasta la residencia de la familia a Santa Llúcia, en una magnífica casa de estilo isabelino. (Foto archivo CMA)

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