Del coche al yate de lujo

 Del coche al yate de lujo
  19/04/2021

Cuando la demanda de servicios de las embarcaciones de alta gama se convierte en una oportunidad de negocio

“Aquí no hay margen de error, has de cuidar hasta el mínimo detalle”

R.R.F.

Los puertos han sido siempre motor de la economía y de la actividad. Fuentes escritas, ánforas y restos de naufragios nos hablan de intercambios comerciales, actividad pesquera y líneas de pasajeros en el puerto de Dénia desde hace más de dos mil años. A través de él se exportaban en un pasado más reciente las pasas de la Marina Alta hacia destinos tan dispares como Francia, Canadá, Inglaterra o los Estados Unidos. Hoy es la principal conexión con las Baleares -tanto a nivel de pasaje como de transporte de mercancías-, tiene una potente flota pesquera que hace de nuestra comarca una buena despensa del mar y también una oferta de actividades náuticas y de recreo que hacen del mar una oportunidad de negocio. En ese escenario, Vicente y Juanra Crespo vieron la posibilidad de reconvertir - o mejor dicho, reconducir- la actividad de su empresa. Se criaron, como ellos dicen, pintando coches en el taller de su padre, donde aprendieron el oficio. Hoy pintan barcos de alta gama, algunos de ellos propiedad de importantes empresarios y de figuras mediáticas como el mismo Zinedine Zidane. La náutica se ha convertido en el sustento de su negocio.

            Gandia, Alicante y Dénia. Esta semana Pináutica lleva diez embarcaciones al vuelo. Es un volumen importante de trabajo para una empresa que se ha ido haciendo a sí misma poco a poco pero que anualmente duplica prácticamente su ritmo de crecimiento. Juanra y Vicente Crespo López se lanzaron en 2009 a pintar barcos fuera del taller. Todo empezó con una propuesta de Varadero Port Dénia. En Pinauto, negocio que regentan desde 2008, pintaban principalmente coches, pero también otro tipo de vehículos y pequeñas embarcaciones como lo habían hecho junto a su padre en Ancrefor, el taller que regentó Antonio Crespo durante casi cuarenta años y hasta su jubilación. Aceptaron la propuesta de la familia Noguera y comenzaron a salir del taller para trabajar con embarcaciones de mayor eslora, que evidentemente no cabían en sus instalaciones. “Tuvimos que montar un equipo específico de tres personas”, recuerda Juan Ramón. Porque el resto de la actividad, como ahora, continuaba en Pinauto.

            Lo bueno que tiene este negocio, comenta el menor de los hermanos Crespo, es que los barcos se tienen que pulir cada año, lo que se aprovecha también para reparar, pintar y poner a punto para la temporada, “y si el cliente ha quedado contento -afirma- repite”. Juega también a su favor que los propietarios de barcos de lujo suelen cambiar de embarcación con frecuencia, posiblemente cada tres años. Y en todo este mundo, para muchos desconocido, lo que mejor funciona es el boca a boca. Sobre todo entre los capitanes. “El capitán no escatima, quiere que todo esté correcto, en su sitio, porque el propietario quiere disfrutar del barco y no tener problemas, y son ellos, los capitanes, quienes buscan, quienes hacen el trato y quienes hacen correr la voz cuando el trabajo está bien hecho”, explica.

Cada temporada iba creciendo la demanda -“íbamos subiendo un peldaño”, comenta Juanra- hasta el punto de que la facturación de Pináutica en los últimos 4 o 5 años casi ha triplicado la de Pinauto, las dos marcas comerciales de Pinauto Marina S.L. Como él dice, “la náutica es ahora el sustento del negocio”, con siete trabajadores en constante reciclaje y alguna contratación temporal cuando la empresa no da abasto.

Los hermanos Crespo son conscientes de la importancia de tener personal cualificado, no todo vale. “Trabajamos con barcos que pueden valer 7 millones de euros pero también otros de 14, con esloras por ejemplo de 35 metros… y son clientes que repiten anualmente, por lo que no puede haber margen de error y los plazos de entrega son importantísimos”, aseguran. El suyo es un trabajo “muy exigente y de mucho compromiso” y a veces se han visto obligados a rechazar algunos encargos por no poder atenderlos.

Es también un oficio sacrificado y en el que hay que hacer malabares “porque siempre estás arriba y abajo”. Trabajan no solo en los varaderos de Dénia, también en Gandia, La Vila Joiosa, Valencia o Alicante por ejemplo. A veces ocurre que el varadero está ocupado, las embarcaciones se desvían a otras poblaciones y ellos se desplazan allí para pintarlas. Otras veces reciben los encargos directamente desde allí. Y no todo se puede atender, en alguna ocasión han tenido que subcontratar. Han llegado a estar cinco meses fuera por trabajo y han recibido ofertas desde Marbella y también desde Francia.

Hace unas semanas, el equipo de Pináutica estuvo en Ibiza, de donde recibe muchas peticiones de presupuesto para embarcaciones que, si es aceptado, a veces luego se pintan en el varadero de Dénia. Otras, allí mismo. Es el caso del barco del entrenador del Real Madrid Zinedine Zidane, en el que estuvieron trabajando durante el mes de marzo por segunda vez. Lo hicieron ya en el 2019, pero en el 2020 no fue posible por el confinamiento, cuenta Juanra.

Cita otros dos personajes mediáticos relacionados con el mundo del deporte: Álex Pella, cliente durante años y para el que trabajan en Dénia, y Carlos Sainz, para el que han trabajado durante ocho años desde Alicante. El nuevo propietario de su embarcación, ahora en Ibiza, ha pasado también a ser cliente suyo. Como él dice, una muestra más de que el boca a oreja y el trabajo bien hecho son las dos cosas que mejor funcionan.

Entre sus clientes hay muchos empresarios españoles y propietarios extranjeros de grandes embarcaciones, como rusos o alemanes. Reconoce que los propietarios de barcos de lujo suelen ser muy “tiquismiquis”. En una ocasión le pidieron que pintara las escobillas del wc de un barco con una pintura que simulase el oro. Descubrió que las escobillas estaban bañadas en oro “y por lo tanto ninguna pintura que lo imitase iba a quedar bien”. Así que, con el consentimiento del propietario, contactó con un joyero que le aconsejase y se les dio un baño en oro. “Como ves”, dice, “en este mundo no hay freno”.

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