Comer y beber bien en verano

  03/07/2015

??INÉS ROIG (*)

En verano, el cambio más notable es que hay una cierta disminución de las necesidades energéticas. Que el clima influye en nuestra fisiología y por tanto en las necesidades dietéticas es algo evidente. No es que cada estación necesite una fórmula distinta, pero sí que cambian un poco los requerimientos dietéticos.

Una parte importante de la energía que ingerimos está destinada a mantener la temperatura corporal, y como en verano es mucho más fácil mantenerla que en invierno, se necesitan menos calorías. De ahí, en parte, que nos apetezcan platos más ligeros en verano y que en general se tenga menos apetito.

Pasa lo contrario con la bebida. Las necesidades hídricas aumentan en verano porque aumenta la sudoración y la transpiración por la piel. Hay que beber entre dos y tres litros de líquido repartidos a lo largo del día. Es importante que no pasar mucho tiempo sin beber, sobre todo si se va a estar al aire libre y expuesto al sol. Las personas mayores y los niños son especialmente vulnerables a las consecuencias de la deshidratación. Por eso, es necesario controlar que estos colectivos ingieran la suficiente cantidad de líquido, incluso sin tener sed.

La bebida más adecuada para el organismo humano es el agua y que la temperatura idónea para que produzca su efecto hidratante es de 10ºC a 15ºC. Lo más frío no hidrata más. Debido justamente a lo anterior, en verano hay más pérdida de minerales que en invierno. Esto quiere decir que en verano vale la pena tomar aguas más mineralizadas que en invierno. Si no es muy aficionado a beber agua, se pueden combinar los líquidos: zumos, caldos, batidos, refrescos, infusiones...

Otro punto que tener en cuenta es la digestibilidad. El calor, igual que el frío extremo, no favorece la digestión. Es por ello que es absolutamente recomendable que en verano los platos sean de cocina muy simple.

Lo ideal es agregar a la dieta frutas jugosas como sandía, melón o uvas, por ejemplo. En estos tiempos de calor la fruta es siempre el mejor postre, y es recomendable ingerirlas preferentemente crudas para que no pierdan el agua.

También hay ejemplos de las verduras que contienen abundante cantidad de líquido y por ello se aconseja agregarlas en las comidas de días calurosos. Las ensaladas constituyen un aliado fundamental. Las posibilidades de combinación de las distintas verduras para elaborar ensaladas son ilimitadas y se convierten en la mejor opción para un almuerzo rápido, fresco, nutritivo y liviano en los días de mucho calor. Además, siempre está la opción de agregar a las ensaladas trozos de pollo, huevo o queso fresco que aportan proteínas y no tantas calorías.

Un elemento que hay que evitar en las dietas de días calurosos son los fritos y grasas por ser de digestión muy lenta y resultan pesados, especialmente en días de mucho calor.

Con las altas temperaturas hay que aumentar las precauciones ante los alimentos crudos. Especialmente en cuanto a carne, pescado y huevos se refiere. De ahí que sea recomendable tomar los alimentos proteicos de origen animal cocidos al punto y evitar las salsas con cremas y huevo.

(*) Farmacéutica

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