Consejos para acabar con el “tengo hambre a todas horas”

Consejos para acabar con el “tengo hambre a todas horas”
  20/11/2017

INÉS ROIG (*)

El apetito y la sensación de saciedad no están siempre relacionados con la ingesta de alimentos. Al menos, no únicamente.

            Con el estómago vacío, el cuerpo nos demanda un aporte de calorías para recuperar energía. Pero, además, en la sensación de hambre influyen otros estímulos externos como el olor o el aspecto de los alimentos, factores patológicos relacionados con los trastornos alimenticios, el aspecto emocional e, incluso, el clima y la idiosincrasia de cada sociedad.

            Es una cuestión multifactorial que se organiza en torno a tres tipos de apetitos: Por un lado, el físico, el del “necesito comer para vivir”; por otro, el emocional, el que se revela cuando hemos aprendido a calmar las emociones comiendo y, por último, el de paladar, aquel que nos empuja hacia determinados alimentos cuando llevamos mucho tiempo sin comer. Por eso, el hambre no se pasa únicamente comiendo, también el hecho de tener hambre está motivado por otros condicionantes como el cansancio o el nivel de estrés y ansiedad.

            La industria alimentaria está llena de productos que prometen saciar el apetito, pero no aseguran en ningún caso una menor ingesta de calorías. De nada sirve confiar en esos productos si no trabajamos en nuestra relación con la comida. Somos mediterráneos y, por nuestra cultura, no quedamos a correr sino a comer, vinculando las emociones a la ingesta. Y hay que ir más allá, apostando por la educación desde la infancia, desligando el concepto de recompensa de la comida. Al niño hay que premiarle con cariño, no con un bollo; ese es el camino para configurar una relación sana con la alimentación.

            No existen pastillas o brebajes mágicos. No se trata de hacer esto para eliminar lo otro, tomando el complemento saciante como la panacea, estos productos pueden tener cierto efecto pero, al ser el apetito algo multifactorial, jamás serán la solución definitiva para atajarlo.

            Conviene plantearse antes de empezar a comer si realmente tenemos hambre o no. Puede no ser apetito sino aburrimiento, ansiedad… En la cultura de la inmediatez, ser conscientes de cuál es nuestra relación con la comida es crucial. Debemos tomar como base el ajuste entre lo que comemos y lo que consumimos, además de crear una dieta equilibrada combinada con ejercicio.

            ¿Se puede controlar el apetito? Al menos, se puede intentar. A la huida de los picoteos entre horas le acompañan otras técnicas útiles como, por ejemplo, mantener unos niveles correctos de hidratación. Se deben sustituir los zumos, aunque sean naturales, por las piezas de fruta enteras. También conviene masticar bien y comer despacio, además de hacerlo sin distracciones como la televisión para tener conciencia y control sobre lo que estamos haciendo.

            Se aconseja no saltarse el desayuno, establecer un plan regular de comidas, evitar en la medida de lo posible el estrés y su canalización en forma de picoteo entre horas, prescindir del alcohol y las bebidas azucaradas, tener un patrón de sueño ordenado y, adquirir un estilo de vida saludable que incluya ejercicio y dieta, y entender que esta es para siempre, que no debe suponer pasar hambre sino asumirse como una forma constante de relacionarnos con la comida. En definitiva, comer siendo conscientes, determinando el origen del hambre y evitando hacerlo sin razón. Esa parece ser la pauta.

(*) Farmacia Las Marinas.

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