La cara amarga e injusta del fútbol

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  08/05/2021

 

Una grave lesión y una mala operación quirúrgica truncaron la carrera de Alfonso Buigues en el Valencia CF

 

No todo es de color de rosa en el mundo de fútbol. Muchos niños –y ahora también niñas- que sueñan con ser futbolistas se quedan por el camino, no llegan. Otros, con más cualidades, no tienen excesivas oportunidades. Y los hay a quienes el destino les guarda una mala pasada cuando están llamando a la puerta del profesionalismo porque han demostrado con creces su valía en las categorías inferiores. Este es el caso de Alfonso Buigues, de Teulada, que vio truncada de raíz su carrera en el equipo de su alma, el Valencia CF, por una desafortunada y grave lesión y por una mala operación quirúrgica, por no decir una clara negligencia médica.

El suyo es un testimonio desgarrador, de aquellos que te erizan la piel, porque es una historia muy dura. Pero, a la vez, muestra también un talante y un espíritu de superación digno de admirar. Buigues, como se le conoce todavía en el mundillo, dejó el fútbol con apenas 20 años. Fue una decisión suya que marcó su vida y de la que no se arrepentirá nunca. Porque fue honesto consigo mismo y esa cualidad no se aprende, sino que se nace –o no- con ella. Tras la lesión –y la mala praxis médica- no era el mismo de siempre, no desbordaba a sus rivales por la banda como antes porque había perdido velocidad a raíz de un músculo atrofiado después de pasar dos veces por el quirófano. 

Su sueño era jugar con el primer equipo del Valencia y se quedó a las puertas. Los juveniles entrenaban una vez a la semana con la primera plantilla. Buigues y Nando Díaz fueron reclamados por el técnico naranja para entrenar con “los mayores”. El entrenador por aquel entonces era un tal Alfredo Di Stefano, que de fútbol sabía, y mucho. Dos días antes de aquel ansiado entrenamiento, en el partido de liga del domingo, se produjo la lesión.

Dos operaciones y una cesión de un año en el Burriana. Alfonso reclamó al presidente, Arturo Tuzón, una oportunidad en el segundo equipo, el Mestalla, tras una exitosa trayectoria de ochos años en el club. No pudo ser y esa fue la gota que colmó el vaso. “Lo había dado todo. Llegué dónde quise llegar mientras estaba en plenas facultades. Lo di todo por el fútbol y el fútbol no fue justo conmigo”, confiesa. “Tenía muy claro”, añade, “que no me valían más cesiones y no quería ser un trotamundos para ganar dinero y punto. Por eso decidí dejarlo. Se acabó”. Tras mucho insistir, recaló después en el Pego CF pero con una condición. “Pedí un dinero, pero les dije que si no me veía bien o si no teníamos opciones de salvar la categoría, me iba a casa”. Y así fue. Lo que en el argot de la pilota valenciana se conoce como “un cavaller”.

Primero honestidad y ahora superación. Alfonso subraya que “todo pasa por algo y creo que para bien. Ahora tengo dos niñas preciosas, un negocio propio y estoy bien conmigo mismo. Con eso me quedo”. Su idilio con el fútbol acabó mal por cuestiones ajenas a él. “No sé dónde hubiera podido llegar, pero tengo claro que habría podido vivir del fútbol”, indica. Ahora no quiere saber nada de fútbol, ni tan siquiera de su Valencia, y “me concentro en otras cosas”. Eso sí, mantiene una magnífica relación con los que fueron sus compañeros en las categorías inferiores, como los César, Paco y Juan Ferrando, Paco López, Salvador Revert y Pedro Alcañiz, a quienes considera como “mis hermanos” por todo lo vivido en el campo y en la casa donde se alojaban en Valencia. Ha visto triunfar a José Francisco Molina y Juan Sánchez, por poner dos ejemplos, en equipos de Primera División y en la selección española. “No ha sido culpa mía no llegar a estar ahí como ellos, lo tenía, pero no pude hacer nada más. Por mí no ha sido. Mientras he sido yo, he llegado hasta dónde quería. Luego ya no era yo”, insiste. “Todos se acuerdan de mi para bien y eso me enorgullece”, concluye.

Y tanto, porque con el escudo de la honestidad puedes ir a cualquier lado y eso no se olvida.

 

FOTO: BUIGUES y ALFONSO BUIGUES

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