La muerte, ¿tema tabú?

La muerte, ¿tema tabú?
  20/11/2017

VERÓNICA MONSONIS (*)

 

Cuando pensamos en el significado de la “muerte”, nos vienen a la cabeza imágenes, recuerdos, sentimientos de tristeza, añoranza... pero si vamos más allá podemos llegar a pensar que no tiene ningún sentido... ¿Y es que, qué sentido tiene perder a aquellos a los que amamos? ¿No poder verles ni sentirles más? ¿Estamos preparados para ello?

            Lamentablemente no se nos prepara en absoluto; es más, aún continúa siendo un tema tabú para muchos, sobre todo de cara a los más pequeños de la casa.

            En otras sociedades, que no la nuestra, podemos ver cómo los niños y niñas están inmersos en la “festividad” que ellos mismos hacen cuando un ser querido muere, normalizando así la situación y ayudando a encajar realmente lo que está sucediendo. Sin embargo, nosotros los adultos en la sociedad en la que vivimos, tendemos a ocultar lo que está pasando, a disimular lo que estamos sintiendo, a fingir que todo va bien. No nos planteamos en absoluto llevar a nuestros hijos e hijas al tanatorio a despedir, como nosotros, a nuestro querido.

            ¿Cómo vamos a normalizar así la muerte, a prepararlos para la vida?.

            Quizás muchos deberíamos plantearnos que nos hubiera gustado a nosotros hacer si nuestros padres nos hubieran ocultado la muerte de nuestro abuelo o abuela con el que estábamos muy unidos ¿No nos hubiera gustado a caso, despedirnos de ellos?... A mí sí.

            Después de varias semanas viendo y viviendo situaciones que me hacen reflexionar sobre lo que a mí me hubiera realmente gustado cuando era pequeña o, incluso, qué es lo que quiero para mi hija cuando se vaya un ser querido, me doy cuenta una vez más, que hay mucho por hacer en este sentido. Recordemos que identificar lo que sentimos, ponerle nombre, expresarlo y gestionarlo adecuadamente es lo que debemos aplicarnos en nuestro día a día también, cómo no, con nuestros hijos. Si pretendemos que ellos nos cuenten, comuniquen, nos hagan saber qué les pasa, lo que han hecho, que piensan, sienten o cómo van en el colegio, debemos plantearnos primero hacerlo nosotros.

            Prepararnos y prepararlos para la vida debería ser el objetivo principal de toda escuela y familia. Normalizar las emociones y muchas situaciones que vivimos nos ayuda a los adultos y enseña a los más pequeños que en la vida "no es todo de color de rosa". Muchos profesionales nos dedicamos a dar pautas y a orientar en este sentido, así que tanto si estás preparado como si necesitamos ayuda para ello... ¿intentamos ponerlo en práctica?

 

(*) Psicóloga. Máster en Psicología Clínica y experta en Atención Temprana.

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