Los complejos

  03/07/2015

Verónica Monsonís (*)

Los complejos se deben a percepciones distorsionadas de uno mismo que surgen al compararse con otras personas o modelos impuestos por la sociedad y que acaban por producir pensamientos irracionales (negativos) que llevan a la inseguridad, la falta de confianza en las propias capacidades y la pérdida de autoestima, afectando y condicionando la relación con los demás, la actividad profesional y, en definitiva, la vida.

La familia y la escuela pueden ser los principales inductores de los complejos que aparecen durante la infancia, al no sentirse los niños suficientemente queridos, valorados y apoyados. A veces es una característica física que les hace diferentes a sus compañeros y amigos la que propicia la parición de un complejo. El problema es que si no se pone remedio los complejos surgidos en la infancia se pueden acentuar tras la pubertad. Pero también es la propia sociedad la que puede generar complejos en personas ya adultas que sientan que no pertenecen, por ejemplo, a los modelos de belleza que se imponen desde los medios de comunicación.

En cualquier caso, son muchas las personas que no han sabido superar los complejos de la infancia al no haber sido capaces de analizar el origen de su ansiedad y angustia ante un hecho concreto. La mayoría de los complejos son físicos, pero hay otros que tienen un condicionante psicológico fundamental, como es el caso del complejo de inferioridad o su opuesto, el de superioridad.

Cómo superar los complejos.

En la mayoría de los casos los complejos se pueden superar sin ayuda o terapia. Puede ser suficiente reconocerlos, aceptarlos y desear superarlos para luego seguir una serie de pautas:

- Es fundamental aprender a valorarse por lo que uno es y no por lo que otros digan.

- No hay que tratar de buscar la aprobación de los demás a lo que uno hace. Hay que actuar en función de las propias convicciones y criterios sin tener en cuenta lo que otros querrían.

- Aprender a quererse y aceptarse con los defectos y las virtudes. Todos son así.

- Hay que reconocer las propias limitaciones con naturalidad.

- Buscar todo lo positivo que hay en nosotros y reforzarlo. Esto es lo que hay que enseñar a los demás, en vez de exhibir y hablar de nuestros defectos.

- La autoestima se refuerza con pensamientos y actitudes positivas. Todo tiene siempre un lado positivo. Hay que evitar negativizar las cosas en función de nuestros defectos.

- No hay que basar la actitud ante los demás y la actividad social en la apariencia externa, tratando de utilizarla para agradar a los demás. El trato cercano elimina los disfraces.

Aceptar los complejos y aprender a vivir con ellos es la mejor manera de llegar a superarlos. (www.sanitas.es).

(*) Psicóloga. Master en Psicología Clínica. Experta en Atención Temprana.

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