Los Violins de Pinos, una familia centenaria

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  15/08/2021

DÍDAC VENGUT

 

Cada vez tengo más claro que el testimonio de la gente mayor, su experiencia y como entienden la vida, es un referente en tiempo donde el estrés y las redes sociales lo copan todo. La historia vital de Pura Planells Ivars es un ejemplo de mujer emprendedora, un término acuñado en tiempos modernos pero eso es más viejo que velar a un muerto, claro y raso. Hemos sido nosotros, los hombres, quién nos hemos llevado –o se han llevado- la gloria y ellas, las mujeres, se han quedado, en la mayoría de los casos, en el anonimato. Pura, como muchas más mujeres, ha cosido,  ha plantado garbanzos, ha estado madre y esposa y, además, ha sacado tiempo para su gran pasión: escribir. Todavía la conserva a estas alturas y, de hecho, lo pueden comprobar en nuestra sección de los Cuentos de la Abuela.

El caso es que Pura tiene un gran respeto cabe sus antepasados –como tiene que ser- y, siempre que puede, lo deja por escrito a fin de que su historia no caiga en el olvido. Su hijo, Marcos A. Torres, me hizo llegar un texto porque lo tradujera a un valenciano correcto. La madre lo escribe como habla, todo un gesto de valentía si atendemos que no lo ha estudiado nunca. La historia que quiere dejar patente es muy interesante o, al menos, peculiar. Se trata de la saga de los Violins, una familia –por parte de su madre- muy conocida a la partida rural de Pinos, en Benissa. Cuatro de sus componentes han superado la barrera de los 100 años, nada más y nada menos. Esto no es normal, ni mucho menos! Si que sopla buen viento, allá en Pinos

Todo empieza a mediados de siglo XIX con Jaume Ivars, que vivió 104 años. Era una persona muy alegre y le gustaban mucho las reuniones y las fiestas. Pura recuerda que su madre le contaba que tenía la costumbre de ir siempre silbando y lo hacía tan bien que llamaba la atención. De hecho, el vecindario decía que parecía un violín. Y de ahí nació el mote con el cual es conocida toda la familia. Jaume se casó ya de mayor –con casi 50 años- con una joven muy querida en Pinosy tuvieron cuatro hijos.

El según caso es el de Vicenta Molines, prima segunda de Pura Planells, quien cumplió 100 años y seis meses. “La conocí”, recuerda. “y era una mujer muy alegre y lista. Todos la querían y disfrutaban de su compañía”. “Siempre estaba riéndose”, añade, “porque era muy graciosa y trabajadora”. Los últimos años estaba a la cama y Pura fue a verla un día acompañada de sus nietas, Judith y Tatiana. “Estuvo muy contenta y habladora y, incluso, les rezó un larga oración que había aprendido 90 años antes”.

Seguimos. Otra prima segunda, Teresa Escrivà, vivió hasta el 100 años y cuatro meses. “Era una pluma, le encantaba bailar. Su casa estaba siempre abierta para todo el mundo”, dice Pura. Teresa vivió siempre en el campo y cuidaba los animales que, entonces, eran lo sustento de la familia. “Hasta los últimos años de su vida era normal verla haciendo ganchillo en el riurau de la caseta, donde vivía rodeada de plantas y flores”, subraya.

Y nos falta Maria Ribes Ivars, prima hermana, hija de su tía Pepa Ivars Amorós. Marina ha cumplido ya 102 años. El año pasado fue homenajeada por la Asociación de Amas de casa y por el Ayuntamiento de Benissa. “Con su padre a la guitarra y con el cancionero en la mano, siempre estaba cantando, llena de una alegría que transmitía al resto”, dice. Y en el jefe tiene por siempre jamás una anécdota muy buena. “Pasó la fiebre de Malta en mi casa. Vino el médico, Don Miguel Sala, y, acostada en la cama, le cantó una canción porque la había curado. El médico, en agradecimiento, le cantó también a ella. Una cosa irrepetible, única”, recuerda.

 

UNA GUERRA CIVIL Y UNA PANDEMIA

 

Pura Planells Ivars nació un 19 de octubre de 1929. Ha vivido los horrores de una Guerra Civil donde no había nada de nada. “Claro que pasábamos hambre, incluso yo, que no tengo hermanos.. Ahora bien, si había un trocito de pan, era para mí”, indica. A pesar del conflicto bélico, iba al colegio, en la clase de Doña Ángeles, en el edificio de las Escoles Velles. “Yo tenía ocho o nueve años y era la abanderada”, cuenta muy satisfecha. Qué es eso?, le pregunto. Todos los días, los niños y las niñas formaban ante la bandera y cantaban el Cara al sol. Ella era la encargada de abrir el balcón y, al sonido de la música, izar la bandera. Incluso en esto fue pionera! De muy pequeña hacía teatro con otros niños y niñas con textos inventados por ella. “Ponían una sábana en la entrada y la gente que venía pagaba una peseta o tres céntimos. Las mujeres que nos dejaban las sillas, entraban gratis”, asegura.

Ahora ha sufrido el confinamiento en casa a causa de la pandemia de la COVID 19. Aun así, lo ha pasado distraída “haciendo las tareas del hogar, porque no quiero molestar a nadie, y escribiendo. Así he pasado los días y lo he llevado muy bien”, confesa. No puede estar quieta, lo reconoce, y todos los días la veo pasear por la calle y, de vez en cuando, va a las guarderías del pueblo a contar cuentos a los más pequeños. Además, según me avanza, está preparando un cuento y unos versos “y un otra cosa” –será sorpresa- para Pere, el enfermero del Centro de Salud de Benissa que la pincha, porque se jubila. “Todo esto es el que me da vida, ilusión, y me encanta hacer trabajo”, dice Pura. Ahora bien, me asegura que “no sé si yo llegaré a los 100 años”. No me lo creo porque ocho años pasan como una centella y tiene la ayuda de los cuentos y de los versos para hurtar tiempo al tiempo.

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