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Por qué ya no puedes dormir como cuando tenías 20 años

Por qué ya no puedes dormir como cuando tenías 20 años
  28/11/2016

INÉS ROIG (*)

Por qué ya no puedes dormir como cuando tenías 20 años

A medida que nos hacemos mayores nos parece que ya no dormimos como cuando éramos veinteañeros. No es solo una impresión. Forma parte de la evolución del ciclo vital y del envejecimiento del organismo. Dormimos menos y peor. Pero tampoco deberíamos preocuparnos. O no mucho.

            El sueño va cambiando a lo largo de nuestras vidas. Durante las primeras semanas de vida dormimos 16 o 17 horas diarias, pero no más de cuatro o cinco seguidas. Además, los bebés no prestan ninguna atención al ambiente: son capaces de dormir con luz y con ruido. A partir de los cuatro meses, dormimos principalmente de noche y de un tirón.

            De adolescentes seguimos necesitando más horas de sueño que de adultos, pero además nos entra sueño más tarde. Un adolescente tiene problemas para dormirse antes de las 11 de la noche y para despertarse antes de las ocho de la mañana.

            A medida que dejamos atrás la juventud no solo dormimos menos, sino que también nos hacemos cada vez más matutinos y nos entra sueño antes. Eso, unido a que necesitamos menos horas de sueño, hace que nos levantemos antes.

            Pero el cambio que más notamos, es que nos despertamos más a menudo durante la noche. De jóvenes por lo general, conciliamos el sueño y aguantamos así hasta el día siguiente. Para cuando llegamos a los 60 años, nos despertamos varias veces, nos molestan más los ruidos y además, nos puede llegar a costar más volver a coger el sueño.

            Dormir menos y peor a medida que nos hacemos mayores no es problemático, siempre que despertemos descansados y que no haya otras dolencias, como apnea, dolor crónico, problemas urinarios o el síndrome de piernas inquietas. Además, la mayoría de síntomas no se presentan hasta los 50 años.

            Pero hay que cuidar nuestros hábitos de sueño: Las diferencias en la calidad del sueño y en la capacidad de dormir bien o de forma estructurada son gran parte de la base de un envejecimiento exitoso. Se recomienda una higiene del sueño correcta, como mantener unos horarios regulares, no cenar muy cerca de la hora de dormir, y avanzar la hora de despertarnos.

            Sí es recomendable sincronizarnos lo más que podamos con el ciclo de luz y oscuridad. Lo mismo ocurre con el cambio de hora que puede ser más complicado para niños y ancianos.

            No vamos a recuperar la forma de dormir propia de la adolescencia y la primera juventud. No solo porque no podamos, sino también porque no lo necesitamos. Pero no hay que obsesionarse. Ni siquiera con el número de horas, se trata de dormir lo suficiente para recuperarnos, encontrarnos bien y funcionar bien.

            Y si se puede, siesta: La siesta es magnífica para el que duerme bien. Si no tenemos trastornos del sueño y nos lo podemos permitir, es muy bueno dormir una siesta corta, de diez o veinte minutos. Dormir más haría que nos levantáramos cansados. Eso sí, si tenemos insomnio o nos cuesta dormir por la noche, es mejor aguantar sin dormir por la tarde, para llegar a la noche con más sueño.

 

(*) Farmacia Las Marinas.

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