Porteros y directores con bata blanca

Porteros y directores con bata blanca
  22/05/2021

José María Hernández: “No hay que obedecer al médico sino escucharlo”

 

Las UCI de los hospitales han centrado la atención de los titulares de prensa en tiempos de pandemia. El número de camas ocupadas ha servido para diagnosticar -nunca mejor dicho- la incidencia y la evolución del coronavirus. Dentro del revuelo ocasionado por un virus desconocido, la Atención Primaria, los centros de salud de cada pueblo o ciudad, han permanecido en un segundo plano –a nivel mediático- cuando son la puerta de entrada al sistema sanitario y nuestros médicos de cabecera actúan de directores de una gran orquesta. De esta forma tan gráfica describe este servicio uno de sus integrantes, el doctor José María Hernández, del Centro de Salud de Benissa. Una doble función ligada a la responsabilidad inherente al cargo. “Tenemos que estar constantemente atentos y en diez minutos tienes que decidir si las cuatro o cinco preguntas que te hace el paciente son importantes o no”, apunta Hernández. “Hay que decidir meterlo dentro del sistema, lo que implica gastos de tiempo y de utilización de recursos públicos, o mandarlo a casa y eso es una responsabilidad doblemente grande”, añade.

            La orquestra son los médicos especialistas y para que suene bien y esté afinada necesita de un buen director. “Alguien tiene que decir cuando entran los violines, la trompa o la tuba porque, sino, aquello no es música sino un desastre”, comenta el doctor. Una especie de guardia urbano que coordina o dirige el tráfico, por poner otro símil. Y con un extra, la proximidad al paciente y a la familia. “Un cardiólogo tratara una arritmia pero nunca sabrá que ese paciente está casado con una persona o tiene un hijo ambos con problemas graves y por eso la arritmia no se cura”.  “El tratamiento”, cuenta, “va mucho más allá de una medicación o de una intervención quirúrgica. Muchas veces las cosas no van bien porque se desconoce el fondo familiar”. Para que un tratamiento vaya bien es muy importante la implementación y la comunicación de es la base. “Un especialista tiene una visión muy concreta y muy profunda de un aspecto muy parcial y los médicos de familia tenemos una visión más superficial pero muchísimo más amplia. Vemos el todo, la parte fisiológica, la psicológica y la familiar”, subraya Hernández.

            En este sentido, un buen médico es aquél que genera sinergias con su paciente, lo que comúnmente decimos que “se lo gana” de diez en diez minutos y muchas horas juntos en la consulta. “Hay un momento de crack, de punto de inflexión, cuando, de repente, un paciente que lo estás viendo con un problema de codo va y te suelta una cosa muy íntima”, dice el doctor. “En ese momento”, añade, “tienes dos sensaciones. Primero, ya me lo he ganado y, segunda, tengo una responsabilidad inmensa con lo que estoy escuchando”.

NUEVA FORMA DE ATENCIÓN

            El trato directo y la cercanía con los pacientes se han visto bruscamente interrumpidas, anuladas, por el coronavirus. Los centros de salud podían convertirse en focos de contagio masivo y, por eso, se anularon las consultas presenciales y las citas son ahora por teléfono. El lenguaje corporal es el 80% del análisis que hace el médico de cabecera y eso ahora se ha perdido. “Si te ha salido un bulto”, cuenta el doctor, “tengo que verlo, eso está claro. Pero la atención telefónica sí que ha resuelto muchos temas que no necesitan de una atención presencial, eso es cierto”. “Antes, todos estas cuestiones derivaban en consultas sobreañadidas e innecesarias, lo que provocaba una sobrecarga tremenda”, matiza. Y no es broma porque “hay mucha gente que necesita la atención del centro de salud como una segunda familia, hay carencias afectivas, familiares o de pareja, y cumplimos una función social. No sobra tiempo ni medios y esa función quitaba espacio a un diagnóstico de un cáncer o a un problema quirúrgico porque tenías la agenda llena de cosas que se podían hacer por teléfono”.

            A partir de junio, según avanza Hernández, se incrementará el número de visitas presenciales pero se mantendrá la atención telefónica para casos en los que no sea necesario desplazarse hasta el centro de salud. Comentar el resultado de una analítica o si hay que ir o no al ginecólogo, por poner un par de ejemplos. “Por supuesto, una mala noticia no la voy a dar por teléfono”, asegura el doctor.

LO BUENO Y LO MALO DE LA PANDEMIA

            “La primera trinchera es la que se lleva todos los palos”. Así de rotundo es Hernández cuando hace balance de todo lo vivido en tiempos de pandemia. “Cuando nuestra filas ya han sido rebasadas es cuando el castillo empieza a tener problemas. Nos hemos sentido muy sobrepasados en muchos casos”, dice. “Ha habido”, cuenta, “cosas heroicas de echar muchas horas, de estar cubriéndonos unos a otros y de pasar miedo por un virus que no conocíamos y nadie sabía lo que iba a pasar. Llegó un momento que dijimos que estamos aquí para eso y luego ya veremos lo que pasa”. Y los peores momentos se han superado gracias “a una unión bestial de todo el equipo, un codo con codo que ha sido la parte más bonita”.

            Luego está lo negativo porque, según su testimonio, había dos mundos totalmente diferentes, el del interior del centro de salud y el de fuera. “Con el buzo trabajando ocho horas y después salías a la calle y veías gente sin mascarilla, los bares llenos y todo eso lo hemos sufrido. Eso nos ha hecho daño. No queremos aplausos sino que la gente colabore”. Con la atención telefónica, asegura, se trabaja el triple “porque hay mucha más dificultad para hacer una correcta investigación de lo que está pasando y tienes la sensación de que estás dejando cosas por ver y por palpar”.

Cuando viajas en avión y surge una emergencia se recomienda tranquilidad y permanecer quietos en los asientos. “Lo que menos ayuda es que parte de los pasajeros, los menos, se alborote y se dirija al piloto que intenta hacer lo mejor posible su trabajo”, indica el médico. “Hemos sido muy cuestionados por una minoría que hace mucho ruido y eso es agotador”. Su mensaje es claro, meridiano, que dirían algunos, “no hay que obedecer al médico sino escucharlo”.

            El comienzo de la vacunación masiva está previsto para la próxima semana. Hernández recomienda, sin duda alguna, vacunarse porque el riesgo de no hacerlo es infinitamente mayor a los efectos secundarios que genera toda vacuna. “Cada persona es un mundo totalmente diferente y todo es dañino en un momento determinado cuando hablamos de una población de millones de personas”, dice Hernández. “Al virus no le interesa acabar con la humanidad porque se queda sin casa y la vacuna es lo mejor”, concluye.

            Lo cierto es que nos hemos enfrentado –y seguimos en ello- a un enemigo invisible que cada vez conocemos mejor. Una pandemia mundial que quedará para los anales de la historia y de la que hay que aprender o, al menos intentarlo. Para Hernández, lo más cruel de todo ha sido la separación de las familias “y las mayores enseñanzas son en los peores momentos. Por eso, creo que ahora tenemos una magnífica oportunidad para aprender dos cosas. Primero, a apreciar la libertad de salir, aunque sólo sea a la puerta de la casa, y, en segundo lugar, lo que llena dar un abrazo a tu padre o a tu abuelo. Empieza a expresarte con ellos porque cualquier día te quitan esa oportunidad”.

            Hay que escuchar –y actuar- porque lo dice un médico.

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