Puedo elegir qué parte del cuerpo musculo, pero no de dónde adelgazo

Puedo elegir qué parte del cuerpo musculo, pero no de dónde adelgazo
  18/11/2019

INÉS ROIG (*)

La explicación está en el metabolismo, en el que músculos y grasas no reaccionan igual.

            Cincelar los primeros implica aumentar su volumen por los efectos locales que suceden al contraerlos, y solo se hipertrofia la zona que se trabaja. Con la grasa, el proceso, sencillamente, es distinto. Como respuesta a los estímulos hormonales y genéticos, el tejido graso funciona como un órgano único al perder peso: puede disminuir la grasa global, pero no de forma localizada. Lo mismo que le pasa a tu coche. Una cosa es el desgaste de los neumáticos, los músculos, y otra el gasto de combustible, la grasa. Cuando el vehículo se mueve, se vacía todo el depósito, no la zona más cercana a la rueda que más trabajo ha hecho. El cuerpo humano funciona igual. Tenemos un depósito que sirve para dar energía a todos los órganos. Si trabajar un músculo hiciera que se perdiera grasa de la zona donde este se ubica, las personas que comen mucho tendrían una cara muy delgada.

            Pensar que ejercitar la musculatura abdominal quemará la envoltura que tanto nos desagrada es un clásico de novatos de gimnasio. El ejercicio más recomendable para perder grasa es entrenar de forma generalizada. Durante el ejercicio, el ácido y glicerol empleados como combustible pueden proceder de cualquier parte del cuerpo, y no del área específica que se muscule. Los principales depósitos se encuentran en el abdomen, en la parte inferior del cuerpo -grasa glútea, subcutánea de las piernas e intramuscular- y en la superior -también grasa subcutánea.

            La tendencia de la grasa a distribuirse en nuestro cuerpo viene determinada por los genes, las hormonas y la fisiología, sin posibilidad para cambios. De hecho, el tejido adiposo se considera todo un órgano endocrino, y con características fisiológicas propias (algo que, complica su eliminación). Sin embargo, aunque no se pueda actuar localmente, hacer ejercicio sí la destruye; y hay algunas partes del cuerpo de donde sale con más dificultad que de otras. Es la acumulación lo que hace que cueste más que desaparezca. Todo depende de la cantidad de adipocitos, mayor en unas zonas que en otras: en el caso de los hombres, en el abdomen, y en el de las mujeres, en los glúteos, las caderas o las piernas. Al hacer ejercicio o mejorar la dieta, los resultados serán siempre más evidentes allá donde se acumule menos masa grasa. En contrapartida, en las zonas donde haya más concentración de adipocitos, los resultados serán menos visibles.

            Una vez entendido que el adelgazamiento será caprichoso y probablemente empezará allá donde menos lo necesita, toca asumir que no hay un único ejercicio que tonifique y queme grasa a la vez. Se aconseja un entrenamiento que combine fuerza y resistencia para conseguir el doble fin. Lo ideal es alternar las pesas con el trabajo cardiovascular y cambios de ritmo e intervalos, en un programa diseñado según la edad y las posibilidades físicas, y siempre con una nutrición adecuada.

            Para acabar con la grasa, hay que combinar el trabajo de alta intensidad con el de media. El objetivo debería ser de al menos 10 minutos de alta intensidad en intervalos con otros 10 minutos de baja intensidad, dos o tres días a la semana; y otros tres días, de 30 a 60 minutos de un cardio de esfuerzo moderado, además de caminar, como mínimo, 10.000 pasos por día.

            Nadie dijo que estar flaco y duro fuera fácil.

(*) Farmacia Las Marinas.

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