¿Quién puede (debería) practicar Yoga?

¿Quién puede (debería) practicar Yoga?
  03/10/2020

 Por Ilde Leyda *

    "El joven, el viejo, el extremadamente anciano, aun el débil y el enfermo obtienen la perfección en el yoga mediante la práctica constante. El éxito acompaña a quien practica, mas no así a quien no practica. El éxito en el yoga no se obtiene mediante la mera lectura teórica ni por llevar la indumentaria de un yogui ni por hablar de él. El único secreto del éxito reside en la práctica constante. En verdad, no cabe duda alguna sobre esto".
(Hatha Yoga Pradipîkâ)

Como se afirma en el Hatha Yoga Pradipîkâ (texto fundamental sobre yoga, probablemente del siglo XV) cualquier persona, independientemente de sus condiciones físicas, socioculturales, su edad o independientemente de cualquier otro tipo de factores, podría no sólo practicar yoga sino incluso llegar a "obtener la perfección en el yoga". La clave está en practicar con confianza, correcta y diligentemente.
    Pero, ¿por qué iba a interesarle eso a nadie? Pues la verdad es que por infinidad de motivos de mucho peso: ya enumeré en mi anterior texto solo algunas de las múltiples ganancias que, tanto a nivel físico como a nivel mental/psicológico, comporta la práctica metódica de yoga. Y ya escribí que a consecuencia de esto la persona va experimentando gradualmente un aumento de su energía tanto física como mental y de su vitalidad en todos los sentidos.
    Es muy importante recalcar una y otra vez que el progreso en el yoga es y ha de ser gradual. No ha habido, que yo sepa, ningún gran yogui ni ningún gran profesor de yoga que aconsejara lo contrario, es decir, avanzar a grandes trancos, en el caso de que a alguien eso le resultara factible.
    Todas las personas, sí, somos aptas para la práctica de yoga. Lo verdaderamente nuclear es mantener en todo momento los pies en el suelo y sin prisa, pero de manera constante, aplicarse diligentemente en aquellos ejercicios que vayamos aprendiendo en las clases con nuestro profesor o profesora. De ese modo, llega un primer momento en que la persona percibe con total nitidez su progreso, su mejoría en la realización de los distintos ejercicios y prácticas y también va percatándose de que los beneficios, los avances experimentados, logrados durante esas prácticas puede seguir disfrutándolos, una vez terminada la sesión, en los más variados momentos y situaciones de su vida cotidiana: mayor capacidad de atención, de vigilancia calma, de equilibrio y ecuanimidad, de mantenerse tranquilo; así como mayor agilidad, flexibilidad, energía, tanto físicas como mentales; el pensamiento mucho más claro y positivo; etc. etc. En resumidas cuentas, una muy agradable y gratificante sensación de tonicidad y de prestancia, de estar a gusto en la vida y muy intensamente concentrado y conectado a la vida propia.
    Pero todas las personas no partimos del mismo sitio ni a nivel físico ni a nivel mental, así que la primera tarea del buen profesor será cerciorarse de la situación real, de las características personales de cada uno de sus alumnos y alumnas e ir adaptando los innumerables recursos que nos ofrece el yoga a cada persona en concreto. Pues en palabras del gran yogui T. Krishnamâchârya: "El Yoga ha de adaptarse a la persona y no la persona al Yoga".
    Envíe un mensaje a ildeyoga@gmail.com si quiere contactar con el autor de este texto.

*Profesor de Yoga.

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