Quique Ramírez, baterista: “El jazz te invita a expresar lo que sientes en ese momento"

Quique Ramírez, baterista: “El jazz te invita a expresar lo que sientes en ese momento
  03/03/2021

La pandemia le sorprendió en Holanda y decidió volver a casa. Desde Benissa, su ciudad natal, y tras una sólida formación en Barcelona, Holanda y Nueva York, el baterista Quique Ramírez prepara nuevos proyectos. Ha elegido el jazz como forma de expresión musical.

PREGUNTA: ¿Su primer contacto con la batería?

RESPUESTA: A los cuatro años o así mi madre me preguntó si me gustaría ir a música. Empecé en el Jardín Musical, en Benissa, y de profesor tuve a Paco Mestre. Acabé dando percusión. A los 10 años llegamos a clase y por primera vez pusieron una batería allí. Paco nos dijo: Si os portáis bien, os enseñaré unos ritmos. Yo me volví loco. P: Le encantó. R: Me enamoré perdidamente y empecé a decir a mis padres que quería una batería. Ellos dijeron que no. Durante cuatro años, hice peripecias para tocar la batería. Un amigo, Fran, tenía una y yo cuando iba los sábados a casa de mi abuela a comer, muchas veces aporreaba su puerta hasta que me abría. Me sentaba a verlo tocar y a intentar que dejara tocar un poco.

P: ¿Cuándo tuvo la suya?

R: Paco Mestre me dejó una batería Honsuy, que se caía a trozos. Hice muchas horas con ella y ya mi padre vio que la cosa iba bastante en serio.

P: Primer contacto con el jazz.

R: Con la batería fui un poco autodidacta. Ponía discos y tocaba por encima. El primer contacto con el jazz fue en lo que actualmente es la escuela de música moderna SiFaSol, una idea que tuvo Pepe Ferrer. Siempre ha sido un enamorado del jazz y fue quien empezó a enseñarme y a grabarme discos. Lo que más me volvió loco fue un disco de los Brecker Brothers live at Barcelona. ¿Los conoces?

P: ¡Claro!

R: No entendía nada y empecé a escuchar ese directo de manera obsesiva durante mucho tiempo.

P: ¿Qué es el jazz?

R: A Charles Mingus le preguntaron cómo definiría el jazz y contestó “no lo sé”. En aquellos momentos yo tampoco lo sabía, no conocía la tradición, pero al ser algo nuevo que no entendía, me enganchó. Me pasó lo mismo con el rock y con el metal. Era muy fan de Dream Theater. El clásico es muy estricto y tienes que tocar lo que está en la partitura, ni una nota más ni una menos y era mucha presión. Yo tenía miedo escénico.

P: ¿De verdad?

R: Cuando hacía las primeras audiciones, la mitad de las veces ni acababa la obra, porque me quedaba en blanco por los nervios. Y en el funk, fusión, jazz o lo que fuera, sabía que tenía libertad para interpretar ese ritmo a mi manera. Eso me ayudó a conectar conmigo mismo.

P: El jazz da libertad.

R: Mucha gente se cree que el jazz es tocar lo que sea. Aunque tenga sus pautas, te ofrece la libertad para expresar lo que sientes en ese momento. Quique Ramírez, baterista “En esta música tienes que encontrar un camino para que la conversación con los músicos sea fluida”

P: Primer curso especializado.

R: Un seminario en Valencia. Fui con Jaume Guerra, un contrabajista de Alcalalí. No me enteraba de nada, pero estaba fascinado con la idea de estar rodeado de músicos. Vinieron Terry Lyne Carrington, Bob Mintzer cuando no sabía aún quién era, y todos los grandes de Valencia: Latino, Dani Flors y mucha gente más. En las jams no me atrevía a tocar. Después empecé a dar clases con Felip Santandreu durante dos años. En Benissa empezó a montarse SiFaSol y yo estaba intentando acabar el grado medio de percusión clásica e iba a clases de combo.

P: Luego se fue a Barcelona para ampliar sus estudios.

R: En el Conservatori del Liceu. Decidí hacer el Superior en la especialidad de jazz. Estuve tocando dos años en la Big Band del Liceu, conocí a mucha gente, toqué en todo tipo de proyectos… Conocí a unos marroquís, que me llamaron para hacer un grupo de nueva fusión. P: ¿Es indispensable ir a estudiar a Estados Unidos?

R: No, pero sí interesante, aunque sea estar una temporada para ver todos los conciertos que puedas. Yo volví pensando de una manera totalmente diferente. Fue increíble, el nivel es muy alto. A la gente que aquí escuchamos en discos o vemos en vídeos, los puedes ver a cuatro metros de ti y eso es totalmente diferente.

P: ¿Cómo llegó a Nueva York?

R: Estuve haciendo un máster de dos años en Groningen (Holanda). En el primer semestre del segundo año te ibas a Nueva York durante cinco meses. Teníamos como un depósito de dinero del conservatorio y debíamos conseguir dar clases particulares con la gente que nos gustara o nos dejara. Fue un aprendizaje muy interesante. Tenías que buscarte la vida. Además, nos obligaban a buscarnos un bolo a nuestro nombre con nuestra banda.

P: ¿Cómo le fue? R: Di clases con Ari Hoenig, Dan Weiss, Mark Guiliana y con otros músicos que no son baterías y que me interesan mucho como Panagiotis Andreou, un músico griego.

P: ¿Por qué volvió a la comarca? R: Me quedé un año en Holanda probando suerte. Fue muy duro. Después, apareció el desastre del virus y pensé que volver era lo mejor. Ahora estoy dando clases y aproechando para estudiar y componer.

P: Pocos conciertos aún.

R: Tengo uno confirmado en el festival de jazz de Murcia en marzo.

P: Ser músico de jazz en España es muy complicado.

R: Desde mi punto de vista, sí. Hay músicos que viven exclusivamente de tocar, pero caben en una mano.

P: Un disco imprescindible.

R: Es difícil. Diré uno que estoy escuchando ahora: Tigran Hamasyan a piano solo. Se llama An ancient observer.

P: Es excelente. Y ahora díganos un baterista.

R: ¡Qué difícil! ¿Puedo fusionar a Elvin Jones con Nate Wood?

P: El pianista Kenny Barron decía que el jazz no se puede entender si no procede de las emociones.

R: En esta música hay una conversación constante con, por ejemplo, tu colega pianista; él puede ser más tranquilo que tu y tienes que encontrar un camino para que la conversación sea fluida. Todo eso tienes que sentirlo. Si consigues conectar con la música de tal manera que flotes mientras tocas, el público lo puede sentir también.

P: Siempre se habla de la improvisación. ¿Cómo la definiría?

R: Es como cuando aprendemos una lengua, como el valencià. Es una cuestión de aprendizaje y des aprendizaje, de aprenderte todas las reglas y las opciones que tienes. Teniendo esa base (ritmo, armonía, melodía…), no hay que prestar tanta atención a eso para tener la libertad de expresarte como quieras.

P: ¿Cuándo sacará un disco a su nombre?

R: Tengo tres temas grabados en estudio. Están en YouTube -Quique Ramírez Quintet-. Los grabé en Holanda y hace unas semanas he empezado a componer mi primer disco. Quiero escribir mi música y tener mi propio proyecto.

P: ¿Y un bolo en su pueblo?

R: Toqué hace años en Benissa. No hay ningún festival de jazz por aquí y el único club de jazz cerca de aquí está en Sant Joan. No hay oferta.

P: Para llorar.

R: El jazz es una música que va avanzando poco a poco. Cada vez hay más intérpretes por la zona: Pepe Zaragoza, de Altea, muy buen trompetista; Miquel Álvarez, de El Verger, contrabajista también muy bueno; Joan Saldaña, de Callosa; Joan Vicens, de Pego. Nuestro trabajo no está bien regulado, no nos contratan y nos obligan a preocuparnos de hacer el contrato a través de cooperativas o asociaciones privadas. 

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