Saltarte el desayuno puede ser tan dañino como el sedentarismo

Saltarte el desayuno puede ser tan dañino como el sedentarismo
  23/10/2017

INÉS ROIG (*)

La próxima vez que te sientes a desayunar coge una calculadora y suma las calorías de tu primera comida del día. Si son menos de 100, estás dañando gravemente tu corazón. Lo acaban de demostrar científicos, que aseguran que desayunar 'como un pajarito' duplica el riesgo de que las paredes de las arterias acumulen grasas. Y eso con independencia de que nos expongamos o no a otros factores de riesgo para la enfermedad cardiovascular más conocidos, como el tabaco, el colesterol elevado o el sedentarismo.

            Los investigadores sugieren que saltarse el desayuno empieza a ocupar un lugar destacado en la lista de hábitos poco saludables. Porque si practicas deporte, comes abundante fruta y no fumas, pero en cambio pasas de desayunar una mañana tras otra, tus esfuerzos por llevar una vida sana podrían ser en balde.

            Hace poco, se llevó a cabo un experimento con sujetos sin antecedentes de enfermedad cardiovascular y con distintos hábitos de desayuno. Las ecografías revelaron que el número de placas ateroscleróticas era más elevado en el grupo que se saltaba el desayuno en comparación con los que empezaban el día con una comida que contenía más del 20% de las calorías diarias.

            No es la primera vez que se relacionan desayuno y salud cardiaca. Si después de una noche sin llevarte nada a la boca no rompes el ayuno (eso significa etimológicamente ‘des-ayunar’), la probabilidad de que sufras un infarto aumenta.

            Mientras hincas los codos, el desayuno debería ser ineludible. De lo contrario, el coco rinde menos y se nota en las calificaciones. Los estudiantes que se saltan la primera comida del día reducen su habilidad verbal y el rendimiento. Además de que son más lentos y torpes a la hora de resolver problemas.

            ¿Y qué pasa si quieres mantener la línea? Por paradójico que resulte, un desayuno copioso también ayuda a perder peso. Se ha comprobado que si empezamos el día comiendo alguna galleta o un trozo de pastel, pero a cambio reducimos el consumo calórico a la hora de la cena, es más fácil decirle adiós a los kilos que nos sobran y presumir de cinturita de avispa. Los expertos lo achacan a que cuando la jornada arranca con una buena comilona se reducen los niveles de grelina, la hormona del apetito, responsable de la voracidad. Y ese efecto “saciante” dura todo el día. Sin omitir que desayunar también nos vuelve más activos y por lo tanto más propensos a quemar las calorías sobrantes.

            ¿Deporte antes o después? Mejor antes. Se ha demostrado que practicando deporte a primera hora de la mañana, con el estómago vacío, quemamos un 20% más de grasa corporal que si dejamos el ejercicio para otro momento.

            Con proteínas. Optar por un desayuno rico en proteínas (embutidos, huevo, salvado de avena, etc.) le para los pies a la diabetes, evita acumular grasas corporales y también hace que la ingesta de calorías durante el almuerzo y la cena se reduzca.

(*) Farmacia Las Marinas.

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