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Seis razones científicas por las que estamos mejor solteros

Seis razones científicas por las que estamos mejor solteros
  31/07/2017

INÉS ROIG (*)

A los singles no les va nada mal; más bien podría decirse que tienen unas cuantas fortalezas de las que carecen quienes tienen pareja. Si está solo estos datos le reforzarán en la idea de que no tiene por qué sucumbir a los estándares; si tiene pareja quizá sienta algo de envidia.

            Tienen trabajos más satisfactorios: En un estudio, aquellos que atribuían un menor valor intrínseco al trabajo, terminaban casándose o teniendo hijos dentro los nueve años después de licenciarse. Una vez en pareja, las mujeres daban menos importancia a las recompensas extrínsecas -sueldo, seguridad, prestigio, oportunidades para aprender- y ambos restaban relevancia a las gratificaciones intrínsecas, como retos o responsabilidades. Cuando tenían hijos, los hombres perdían aún más interés por los valores de las propias tareas para centrarse en la seguridad o el sueldo. En definitiva, los solteros terminaban disfrutando más del trabajo en sí.

            Están más conectados a su familia y amigos: Las personas solteras tienden a estar más en contacto con, ayudar a y recibir ayuda de padres, hermanos, vecinos y amigos que las casadas. No cuidar las relaciones sociales puede ser tan perjudicial como fumar 15 cigarrillos al día. La felicidad y la buena salud en los adultos también están relacionados con entorno de amistades fuerte, que deriva en menos enfermedades crónicas, como diabetes, alta presión, problemas psiquiátricos y complicaciones coronarias.

            Se desarrollan más como personas: Aunque el matrimonio reporta bienestar tanto a hombres como a mujeres, hay una serie de aspectos como la autonomía y el crecimiento personal en los que los solteros de ambos sexos puntúan sensiblemente mejor que quienes tenían pareja. Es algo que se desarrolla con el tiempo: mientras los jóvenes llevan peor la soltería, los adultos de mediana edad se muestran psicológicamente más resilientes. Aquellos que se mantienen sin pareja a lo largo del tiempo tienen mayor determinación y un sentido de continuo crecimiento personal que no muestran los que permanecieron casados.

            Son más autosuficientes, también en lo emocional. Los casados se sienten más integrados en la sociedad, pero los singles han desarrollado herramientas propias y son notablemente más autosuficientes que los casados. Una cualidad que usan para combatir los efectos negativos y potenciar los positivos, para lo que los emparejados tienden a apoyarse en sus vínculos familiares.

            Más de 8 millones. En España hay cada vez más hogares unipersonales: son de hecho los que más crecen, ya suman 4,6 millones las personas que viven solas en nuestro país, la mitad de los solteros, que supera la cifra de los ocho millones aunque muchos viven con sus padres por su edad o su situación económica. Estas personas se enfrentan a unos costes de vida más altos. Se sienten discriminados, pagan más impuestos sobre la vivienda, soportan un mayor coste de consumibles -electricidad, agua, gas...- y los seguros de hogar son más caros para ellos.

            ¿Y qué hay de los divorciados? El matrimonio tiene un claro punto de inflexión para las mujeres que se sitúa en su quinto año, momento a partir de la felicidad que habían sentido a medida que se acercaba la boda, comienza a bajar hasta estabilizarse a niveles de cuando estaban solteras. En cambio, después de tres años de moderación después del divorcio, el gráfico de la felicidad experimentaba una subida pronunciada. Los hombres, por su parte, viven los años antes del matrimonio con cierta euforia que decae inmediatamente después de casarse. De cara al divorcio, ya un año antes se encuentran más felices de lo que habían estado antes, un sentimiento que no para de crecer tras la separación.

(*) Farmacia Las Marinas.

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