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Soy adulto y me cuesta diferenciar izquierda y derecha. ¿es grave?

Soy adulto y me cuesta diferenciar izquierda y derecha. ¿es grave?
  01/05/2017

INÉS ROIG (*)

 

Son muchos los que no pueden discernir con facilidad entre la izquierda y la derecha, y no nos referimos a la política (que también tiene su aquel), sino a las coordenadas espaciales. Se hace difícil alcanzar esos baños que están al fondo a la derecha o encontrar la última casa a la izquierda. Dudan de dónde se encuentra el hígado y dónde el corazón. Están acostumbrados a escuchar: “esa izquierda no: ¡la otra izquierda!”. ¿A qué responde esta incapacidad?

            Aunque la ciencia ha estudiado el fenómeno, aún no tiene claras las respuestas. La orientación izquierda-derecha tiene dos fases: la intrapersonal, que permite diferenciar dentro del propio esquema corporal, y la extrapersonal, encargada de discriminar estos dos lados en otras personas, como en un espejo. La primera se desarrolla alrededor de los cinco años, asociada al aprendizaje de la lectura y la escritura. La segunda, mucho más tarde, alrededor de los nueve años. Igual que el tartamudeo, que también es común en la infancia y luego, por norma general, se supera, esta confusión propia de la niñez puede persistir en algunos adultos.

            La cosa no es nada sencilla. A más de 15% de la población le cuesta aclararse en estos términos espaciales, confusión que puede ir asociada a patologías raras. Pero, por lo general, la dificultad de distinguir una mano de la otra, no tiene ninguna causa médica.

            Igual que existe una inteligencia numérica o lingüística, existe una espacial y no todos tenemos la misma. El GPS del cerebro, la capacidad de orientarse, está en el lóbulo parietal, y no es igual de potente para todas las personas. Más que un déficit, hablamos, en este caso, de una falta de habilidad. Los que la padecen son conscientes de sus dificultades y las reconocen. Normalmente, es un problema de automatización: se sabe dónde está la izquierda y la derecha, pero no automáticamente, hay que pensar antes de responder.

            Este proceso de discriminación izquierda-derecha es muy complejo e involucra muchas funciones como la memoria, la habilidad para procesar información visual, la conciencia espacial y la habilidad para rotar mentalmente objetos en el espacio tridimensional. Según los expertos, la estadística dice que esta falta de habilidad aparece más en zurdos, en mujeres y en personas con alto coeficiente intelectual; además, el ruido del ambiente o las distracciones la complican. Los inconvenientes en la vida cotidiana no son especialmente graves, pero quienes lo sufren pueden encontrar problemas a la hora de sacarse el carnet de conducir o de manejar cualquier vehículo o máquina.

            ¿Se podría entrenar esta habilidad? Los expertos no tienen claro que pueda curarse, pero creen que pueden conseguirse mejoras: Es debido a la neuroplasticidad del cerebro: cada vez que aprendemos algo, la estructura neuronal cambia, así que con algo de gimnasia mental podrían verse avances. Sin embargo, al no tener esta dishabilidad un gran efecto en la vida cotidiana, no se suele tratar de superar.

            Para desenvolverse mejor en el espacio, no faltan estrategias: algunos se ponen una pulsera o un reloj para identificar uno de los dos lados. Pero, todo este proceso mental lleva su tiempo y normalmente, la velocidad de respuesta deja mucho que desear. Pero si se empeña, quizá la próxima vez no entre en el almacén del bar y elija la puerta correcta, la del baño, al fondo a la derecha.

 

(*) Farmacia Las Marinas.

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