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Cuándo aplicar frío o calor para calmar el dolor

Cuándo aplicar frío o calor para calmar el dolor
  07/08/2017

INÉS ROIG (*)

Tanto el frío como el calor pueden minimizar el dolor cuando hemos sufrido una torcedura o nos duele la cabeza debido a su capacidad antiinflamatoria y analgésica, pero ambos no son útiles en todos los casos. De hecho, si se aplica de forma incorrecta podría llegar a ser contraproducente. Para aprender a hacer un uso correcto de ellos y que supongan un alivio, vamos a dar las pautas para tratar diferentes dolencias.

            Aplicar frío para los golpes y torceduras. El frío contribuye a disminuir la inflamación en los casos de traumatismos. También en el caso de torceduras de tobillos y muñecas.

            Evitar hematomas. Cuando se produce un golpe, aunque no duela, el hecho aplicar frío en la zona evitará que salga un antiestético moratón.

            Aliviar picaduras. Aplicar frío en las picaduras de insectos alivia el escozor debido a su labor anestésica, además de rebajar la inflamación de la zona.

            Contra el dolor de cabeza. En el caso de sufrir una cefalea, un remedio eficaz es colocarse frío en la zona para que los vasos sanguíneos se contraigan.

            Controlar pequeñas hemorragias. Las temperaturas bajas ayudan a reducir pequeños sangrados. Si le sangran las encías, enjuagarse la boca con agua helada hará que se le corte rápidamente.

            Frio: cómo aplicarlo. Se puede realizar de forma húmeda, con compresas, o en seco, a través de bolsas de hielo. Si utilizamos frío seco, es recomendable envolverlo sobre una toalla para no hacerlo directamente sobre la piel. El modo de administración debe ser en periodos alternos de entre 15 y 20 minutos durante alrededor de dos horas. Después se recomienda secar la piel sin frotar. No administrar frío a personas con problemas de circulación porque el problema se agravará, ni sobre heridas en proceso de cura.

            Calor contra los dolores musculares. En el caso de sufrir dolores, espasmos o calambres en los músculos, el calor será su mayor aliado.

            Combatir la artritis. La administración de calor es muy recomendable para tratar el dolor de las inflamaciones no traumáticas de las articulaciones.

            Relaja las contracturas. Si a menudo se nota el cuello o la espalda agarrotada, hágase con una manta eléctrica. Le ayudará a destensar los músculos y notará un gran alivio.

            Durante la menstruación. Aplicar un paño calentado con una plancha sobre el vientre alivia los dolores menstruales, al igual que las molestias en el caso de sufrir una infección de orina (cistitis). Además, acelera el drenaje en procesos infecciosos y abscesos.

            Calor: cómo aplicarlo. Al igual que el frío, se puede administrar de forma húmeda (con compresas o a través de un baño) o de forma seca (con bolsas de agua o los clásicos sacos de semillas). El modo de administración, es a través de periodos alternos de entre 15 y 20 minutos durante alrededor de dos horas. Está contraindicado utilizar calor en cualquier herida que sangre porque aumenta el flujo sanguíneo. Tampoco se deben aplicar sobre heridas en proceso de cura o en zonas de sensibilidad reducida (en prominencias óseas como los codos) ya que esto favorece las lesiones cutáneas al no notar la alta temperatura a la que estamos sometiendo la piel.

(*) Farmacia Las Marinas.

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