Canfali Marina Alta

Rosa caramelo

Rosa caramelo
  22/07/2019

VERÓNICA MONSONIS (*)

El libro que hoy he elegido Rosa caramelo, de Adela Turín y Nella Bosnia, es un canto a la libertad y a la igualdad. Un clásico en toda regla cuyo contenido, casi cuarenta años después de haber sido escrito, sigue estando totalmente vigente en una sociedad que continúa teniendo un culto superficial a la imagen, probablemente hoy más que nunca, y que en muchos casos predestina el futuro de los individuos y los clasifica atendiendo a cuestiones como el sexo que deberían estar totalmente superadas.

            Rosa caramelo nos narra la historia de un país en el que había una manada cuyas hembras tenían los ojos grandes y brillantes y la piel de color rosa caramelo. Y eran así de “bellas” porque desde que nacían las elefantitas únicamente comían anémonas y peonías. Realmente como alimento las anémonas y las peonías no tenían grandes virtudes, es más dejaban bastante que desear, pero eran lo mejor que había para conseguir una piel fabulosa y unos hermosos ojos brillantes.

            Como las anémonas y las peonías crecían en un jardincito vallado allí dentro, encerradas crecían nuestras elefantitas comiendo las preciadas flores y escuchando la siguiente cantinela:

            “Pequeñas [...], si no coméis todas las anémonas, si no acabáis las peonías, nunca llegaréis a ser tan hermosas y rosadas como vuestras mamás, y nunca tendréis los ojos brillantes y nadie querrá casarse con vosotras cuando seáis mayores.”

            Y mientras esto les decían sus padres, ellas veían como sus hermanos de color grises elefante disfrutaban de lo lindo jugando en la sabana, revolcándose en el agua y comiendo hierba verde.

            Todo marchaba sin contratiempos en el país de los elefantes. Todo estaba perfectamente reglado. Todo salvo Margarita, una elefantita que pese a comerse todas las peonías y anémonas que podía y ponerse todos los lazos rosas que le indicaban, no se volvía ni un poquito rosa.

            Y eso a sus papás no les gustaba nada.

            “Margarita -le decían-, ¿cómo es que sigues con este feo color gris que le sienta tan mal a una elefantita? [...] Si continúas así, jamás llegarás a ser una hermosa elefanta”.

            Y Margarita, que lo último que quería era disgustar a sus padres, comía y comía anémonas por muy poco que le agradasen. Pero un día sus padres cansados ante la falta de respuesta decidieron asumir que era un caso perdido y dejarla en paz.

            Y aquí empieza la parte más maravillosa de la historia, esa que nos enseña que debemos ser valientes, que no pasa nada por ser diferentes, que para ser feliz uno debe hacer lo que le dicte su corazón no lo que los otros quieran que haga y por supuesto, que niñas y niños somos iguales, valemos para las mismas cosas y nos espera un futuro absolutamente esperanzador, lleno de sorpresas, vivencias... al margen de nuestro físico o de todo tipo de esterotipo sexistas.

            (Fuente http://rz100arte.com)

            Preciosa historia que, sin duda alguna, nos hace reflexionar sobre los roles actuales en la sociedad, pero sobre todo, sobre lo que nosotras y nosotros queremos (no lo que quieren los demás).

(*) Psicóloga. Máster en Psicología Clínica y especializada en Educación Emocional y en Atención Temprana.

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